Durante el Jubileo de los Jóvenes 2025, un grupo de peregrinos guatemaltecos tuvo un gesto único que cruzó fronteras: entregaron un sombrero tradicional de Esquipulas al papa León XIV como símbolo de fe, identidad y amor por Guatemala.
Roma vivió un momento inolvidable este domingo durante la misa de clausura del Jubileo de los Jóvenes, cuando más de un millón de fieles se reunieron en una gran explanada a las afueras de la ciudad para participar en la ceremonia presidida por el papa León XIV.
Entre aplausos, cantos y una atmósfera llena de esperanza juvenil, un grupo de jóvenes guatemaltecos protagonizó un gesto que dio la vuelta al mundo: obsequiaron al Santo Padre un sombrero típico de Esquipulas, un símbolo muy representativo de la fe guatemalteca y su conexión con el Cristo Negro.
Un gesto que lleva consigo el alma de un pueblo
El sombrero fue lanzado mientras el papa recorría el lugar en su papamóvil, saludando a miles de peregrinos que se agolpaban para verlo de cerca. Este pequeño pero poderoso acto fue recibido con entusiasmo por el Pontífice, quien sonrió al tomarlo como señal de afecto.
Este gesto no solo simboliza la devoción de los guatemaltecos hacia el papa, sino también la importancia de llevar la identidad nacional a escenarios globales. El sombrero de Esquipulas representa a una región profundamente ligada a la espiritualidad del pueblo guatemalteco, siendo uno de los principales centros de peregrinación en América Latina.
El Jubileo de los Jóvenes: un evento que une al mundo
El Jubileo de los Jóvenes 2025 reunió durante una semana a cientos de miles de participantes de todo el mundo. Las celebraciones incluyeron momentos de oración, conciertos, actividades culturales y reflexiones espirituales, culminando con la gran misa presidida por el papa León XIV, el primer pontífice de origen peruano-estadounidense.
Este evento, parte del Año Santo, fue especialmente significativo para muchos jóvenes latinoamericanos, quienes vieron en este Jubileo una oportunidad para reafirmar su fe y sentirse parte activa de la Iglesia global.
El sombrero voló desde Guatemala hasta el Vaticano, pero su verdadero recorrido fue mucho más profundo: fue el corazón de un pueblo creyente, humilde y lleno de esperanza el que llegó hasta el papa.
Este gesto quedará grabado no solo en la memoria de quienes lo presenciaron, sino también como símbolo de que la fe y la cultura pueden cruzar cualquier frontera… incluso las del Vaticano.