Nombrar a un hijo es una de las primeras y más significativas decisiones que toman los padres. En Guatemala, la tradición y la fe siguen marcando tendencia en este aspecto, y así lo reflejan los datos más recientes del Registro Nacional de las Personas (Renap): María y José son los nombres más comunes en el país.
La fuerza de la tradición
De acuerdo con el Renap, 863,932 niñas han sido llamadas María, un nombre que representa al 9.40% de la población femenina guatemalteca, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE). El origen de este nombre es hebreo y significa “la estrella”, “la elegida” o “la señora”. Además, su relevancia religiosa es evidente, al ser el nombre de la madre de Jesús en la Biblia.
En el caso de los varones, 501,827 niños llevan el nombre José, lo que equivale al 5.64% de la población masculina. También de origen hebreo, José significa “aquel a quien Dios ayuda” y ha sido un nombre emblemático dentro de la tradición cristiana, al ser el nombre del padre terrenal de Jesús.
Los nombres más usados en Guatemala
La preferencia por los nombres tradicionales se extiende más allá de María y José. El Renap también compartió los listados de los cinco nombres más frecuentes para niñas y niños en todo el país:
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Niñas: Ana (253,250), Juana (207,201), Rosa (140,124) y Marta (106,103).
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Niños: Juan (405,431), Carlos (279,776), Luis (253,845) y Pedro (159,589).
Un dato curioso es que, al sumar los diez nombres más comunes, se alcanza la cifra de 3.1 millones de guatemaltecos, lo que significa que 1 de cada 10 habitantes lleva alguno de estos nombres.
Cultura, fe y pertenencia
La persistencia de estos nombres refleja una fuerte influencia cultural y religiosa en la identidad guatemalteca. No solo muestran la devoción de muchas familias hacia figuras centrales de la fe católica, sino también la continuidad de una tradición que se transmite de generación en generación.
Más allá de la moda o las tendencias modernas, elegir un nombre como María o José en Guatemala sigue siendo un acto de fe, herencia y pertenencia.
Al final, un nombre no solo identifica: también cuenta la historia de un país, su cultura y sus raíces.

