El Miércoles de Ceniza marca el comienzo de la Cuaresma, un período de 40 días de reflexión, penitencia y preparación espiritual para conmemorar la Pasión y Muerte de Jesucristo. En Guatemala, miles de fieles católicos acudieron desde tempranas horas a los templos para participar en este acto litúrgico que simboliza conversión y renovación interior.
Un acto de fe que une a miles de creyentes
La imposición de la cruz de ceniza en la frente —símbolo de humildad y recordatorio de la fragilidad humana— congregó a creyentes en distintas parroquias de la capital y de varios municipios del país. Desde primeras horas de la mañana, decenas de iglesias abrieron sus puertas para celebrar misas de manera continua, facilitando la participación de quienes, pese a sus actividades laborales y académicas, buscan vivir este momento de recogimiento espiritual.
En la Catedral Metropolitana, ubicada en la 7a. avenida y 7a. calle de la zona 1 capitalina, la Eucaristía de las 8:00 horas fue presidida por el padre José Luis Colmenares y contó con una nutrida asistencia de fieles. El templo programó además celebraciones a las 10:00, 12:00, 15:00 y 17:00 horas, permitiendo que más personas pudieran recibir la ceniza a lo largo del día.
El inicio de un tiempo de conversión
La Cuaresma invita a la oración, el ayuno y la práctica de la caridad como pilares fundamentales de preparación espiritual. Para muchos creyentes, el Miércoles de Ceniza no solo representa una tradición religiosa, sino una oportunidad de renovar compromisos personales y fortalecer la fe en comunidad.
Con este acto solemne, Guatemala da inicio a un período profundamente significativo dentro del calendario litúrgico, en el que la devoción y las manifestaciones públicas de fe adquieren especial protagonismo.
Un camino que culmina en la esperanza
El Miércoles de Ceniza abre la puerta a semanas de introspección que conducirán a la celebración de la Semana Santa, una de las expresiones religiosas y culturales más emblemáticas del país. En cada cruz de ceniza se renueva el llamado a la reflexión y a la esperanza, recordando que la fe, vivida en comunidad, sigue siendo un pilar fundamental en la vida de miles de guatemaltecos.

