La Bienal de Sídney, uno de los eventos más relevantes del arte contemporáneo a nivel internacional, reunió a artistas de distintos países bajo el concepto “Rememory”, una propuesta que explora la relación entre el recuerdo, el olvido y la construcción de identidad.
En total, participan 83 artistas y colectivos de 37 países, con propuestas multidisciplinarias que invitan a reflexionar sobre identidad, pertenencia y memoria colectiva. Este año, Guatemala formó parte de la bienal con la participación de cinco artistas: Ángel Poyón, Angélica Serech, Edgar Calel, Fernando Poyón y Sandra Monterroso. Cuatro de ellos provienen de San Juan Comalapa, un municipio con una fuerte tradición artística.
Ángel Poyón
Artista maya kaqchikel originario de San Juan Comalapa. Su obra explora la identidad, la memoria y la resiliencia cultural, combinando técnicas tradicionales con enfoques contemporáneos que reflexionan sobre las condiciones sociales actuales.
Angélica Serech
Artista textil maya kaqchikel que presentó tres obras en la bienal. Su trabajo establece un diálogo entre memoria, territorio y tradición, integrando el tejido con elementos visuales para construir un lenguaje propio que conecta lo ancestral con lo contemporáneo.
Edgar Calel
Originario de Chi Xot, en San Juan Comalapa. Su práctica artística incorpora ceremonias, espiritualidad y memoria colectiva a través de instalaciones y propuestas participativas, generando un vínculo entre distintos sistemas de conocimiento.
Fernando Poyón
Artista visual que reflexiona sobre las dinámicas sociales y culturales en comunidades indígenas. Su obra utiliza elementos simbólicos para abordar temas como identidad, territorio y relaciones contemporáneas en contextos globales.
Sandra Monterroso
Artista multidisciplinaria de ascendencia maya q’eqchi’ que trabaja con textiles, video, escultura y performance. Su práctica explora el pensamiento decolonial y el conocimiento de los pueblos indígenas, integrando materiales y técnicas tradicionales en propuestas contemporáneas.
La participación de estos cinco artistas reafirma la relevancia del arte guatemalteco en escenarios internacionales y visibiliza las prácticas contemporáneas que dialogan con la memoria, la identidad y los saberes ancestrales. La Fundación Paiz destacó que esta presencia refleja una transformación social en la que el arte indígena ocupa un lugar cada vez más importante en el panorama global.


